365 amigos
La Matutina Digital
El llamado de una luciérnaga
Por: Belen Perez Coria - Bolivia
Mateo 5:14
Ustedes son la luz del mundo
Desde pequeña escuché que Dios piensa en nosotros aun antes de abrir los ojos. Yo descubrí esa verdad en algo tan simple como mi nombre. Soy Belén Pérez, y no es casualidad. Nací un 6 de enero, cuando recordamos a los Reyes Magos llegando al lugar donde nació Jesús: Belén. Ellos siguieron una estrella, una luz que atravesó la noche para guiarlos. Crecí sabiendo esa historia, pero un día entendí algo más profundo: mi nombre no solo apunta a un lugar, sino a una misión.
Dios también dejó recordatorios en la creación. Pienso en las luciérnagas: frágiles, silenciosas, diminutas; y aun así, la oscuridad basta para que su luz aparezca. No se esfuerzan por brillar; simplemente revelan lo que Dios puso dentro de ellas.
Así somos nosotros: imperfectos, temerosos, cansados a veces; pero portadores de una luz que no es nuestra, sino de Dios.
Lo comprendí mejor un día en la escuela, cuando una mamá me dijo: "Qué hermosa sonrisa tienes, me animas a alegrarme". Esa frase me enseñó que la luz no siempre aparece en gestos grandes, sino en detalles que parecen pequeños: una sonrisa, una palabra amable, un abrazo a tiempo. Dios enciende corazones a través de actos que ni imaginamos.
Y esa luz, tu luz, es única. Nada en ti es casualidad: tu nombre, tu historia, tu carácter, tu sonrisa, tus talentos e incluso tus heridas. Todo fue diseñado para iluminar justo donde estás.
Dios también dejó recordatorios en la creación. Pienso en las luciérnagas: frágiles, silenciosas, diminutas; y aun así, la oscuridad basta para que su luz aparezca. No se esfuerzan por brillar; simplemente revelan lo que Dios puso dentro de ellas.
Así somos nosotros: imperfectos, temerosos, cansados a veces; pero portadores de una luz que no es nuestra, sino de Dios.
Lo comprendí mejor un día en la escuela, cuando una mamá me dijo: "Qué hermosa sonrisa tienes, me animas a alegrarme". Esa frase me enseñó que la luz no siempre aparece en gestos grandes, sino en detalles que parecen pequeños: una sonrisa, una palabra amable, un abrazo a tiempo. Dios enciende corazones a través de actos que ni imaginamos.
Y esa luz, tu luz, es única. Nada en ti es casualidad: tu nombre, tu historia, tu carácter, tu sonrisa, tus talentos e incluso tus heridas. Todo fue diseñado para iluminar justo donde estás.
Fuiste creado para brillar y reflejar a Dios donde estés. Hoy el mundo necesita tu chispa.
Dime, ¿de quién serás luz hoy?
Comentarios (1)
Excelente mensaje, Dios no haga brillar donde quiera que estemos... Saludos..
Nuestra Comunidad Global
Usuarios conectados a la Matutina Digital