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Perfecto como mi Padre
Por: Caio Jácome - Ecuador
Por tanto, sed vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Mateo 5:48
Leer las palabras de este versículo puede generar orgullo y autoexaltación, motivados por una falsa sensación de perfección. Sin embargo, los versículos anteriores nos dan un ejemplo de la perfección que se encuentra en Dios, la cual debemos seguir, y ciertamente, solo es posible alcanzarla mediante la renuncia al yo, y no mediante la autoexaltación.
Mientras algunos encuentran en este texto una razón para alimentar su orgullo, otros creen que Dios no es tan exigente y que siempre nos aceptará sin ningún esfuerzo de nuestra parte. Sin embargo, las palabras bíblicas nos enseñan la verdadera armonía.
El ejemplo de perfección que Dios nos da es que él es bueno con justos e injustos, dándoles lluvia y sol a ambos. Esto sucede porque su bondad no se define por nuestras acciones, sino por el hecho de que él es bueno. La bondad debe manifestarse en nuestras actitudes para que seamos perfectos como nuestro Padre; con este ejemplo alcanzamos la perfección. Cuando hacemos el bien, porque la bondad es la esencia de nuestro ser, seremos capaces, como Cristo, de hacer el bien incluso a nuestros enemigos (justos e injustos). Sin embargo, esta tarea es imposible sin una renuncia al yo. Solo cuando nos negamos a nosotros mismos, tomamos la cruz de Cristo y lo seguimos, tenemos la capacidad de alcanzar esta perfección que nos llama a ir más allá. Pues amar a quienes nos aman es fácil y, según el texto, incluso los malvados lo hacen.
Si pensamos que podemos llegar al cielo con este amor incompleto, nos equivocamos: si fuera así, los impíos estarían en el cielo. Pero lo que Dios nos pide es ir más allá, ¡volar más alto! "El reino de los cielos ha venido avanzando a la fuerza, y los que se esfuerzan se apoderan de él" (Mateo 11:12).
El ejemplo de perfección que Dios nos da es que él es bueno con justos e injustos, dándoles lluvia y sol a ambos. Esto sucede porque su bondad no se define por nuestras acciones, sino por el hecho de que él es bueno. La bondad debe manifestarse en nuestras actitudes para que seamos perfectos como nuestro Padre; con este ejemplo alcanzamos la perfección. Cuando hacemos el bien, porque la bondad es la esencia de nuestro ser, seremos capaces, como Cristo, de hacer el bien incluso a nuestros enemigos (justos e injustos). Sin embargo, esta tarea es imposible sin una renuncia al yo. Solo cuando nos negamos a nosotros mismos, tomamos la cruz de Cristo y lo seguimos, tenemos la capacidad de alcanzar esta perfección que nos llama a ir más allá. Pues amar a quienes nos aman es fácil y, según el texto, incluso los malvados lo hacen.
Si pensamos que podemos llegar al cielo con este amor incompleto, nos equivocamos: si fuera así, los impíos estarían en el cielo. Pero lo que Dios nos pide es ir más allá, ¡volar más alto! "El reino de los cielos ha venido avanzando a la fuerza, y los que se esfuerzan se apoderan de él" (Mateo 11:12).
Dios sabe que tienes la valentía de combatir el mal con el mal, pero te pide valentía para hacer el bien, incluso cuando recibes el mal. ¿Eres capaz de seguir el ejemplo de tu Padre?
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