365 amigos
La Matutina Digital
Amiga durante la depresión
Por: Flor Romero - Ecuador
Proverbios 17:17
En todo tiempo ama al amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.
Después de la llegada de mi primer bebé, algo en mí se quebró en silencio. Mi cuerpo estaba presente, pero mi alma caminaba en penumbra.
Lloraba por todo, me sentía insuficiente, incapaz de reconocer a la mujer que intentaba sostener una nueva vida en sus brazos. Hubo momentos en que el cansancio no era solo físico, sino del corazón.
Pensé que desaparecer, huir lejos del hogar que apenas comenzaba a formar, sería más fácil que seguir luchando. Pero en medio de esa oscuridad, Dios no guardó silencio. Se hizo cercano en gestos sencillos y profundamente humanos.
En los brazos de mi mamá encontré consuelo; en la paciencia de mi esposo, firmeza; en el cuidado de mi suegra, ternura sin juicio. Y como un regalo providente, llegó mi hermana, tan querida como una amiga, con su presencia serena y su amor constante. No traía respuestas, pero sí compañía cuando el dolor parecía no tener voz.
Entonces comprendí que Dios envía consuelo a través de las personas. Envía manos que sostienen cuando faltan fuerzas, palabras que iluminan cuando todo parece oscuro. Envía ángeles disfrazados de amigos para guiarnos de regreso a Él.
Hoy sé que incluso en la noche más profunda, su gracia nos acompaña y la esperanza siempre encuentra un camino hacia el amanecer.
Lloraba por todo, me sentía insuficiente, incapaz de reconocer a la mujer que intentaba sostener una nueva vida en sus brazos. Hubo momentos en que el cansancio no era solo físico, sino del corazón.
Pensé que desaparecer, huir lejos del hogar que apenas comenzaba a formar, sería más fácil que seguir luchando. Pero en medio de esa oscuridad, Dios no guardó silencio. Se hizo cercano en gestos sencillos y profundamente humanos.
En los brazos de mi mamá encontré consuelo; en la paciencia de mi esposo, firmeza; en el cuidado de mi suegra, ternura sin juicio. Y como un regalo providente, llegó mi hermana, tan querida como una amiga, con su presencia serena y su amor constante. No traía respuestas, pero sí compañía cuando el dolor parecía no tener voz.
Entonces comprendí que Dios envía consuelo a través de las personas. Envía manos que sostienen cuando faltan fuerzas, palabras que iluminan cuando todo parece oscuro. Envía ángeles disfrazados de amigos para guiarnos de regreso a Él.
Hoy sé que incluso en la noche más profunda, su gracia nos acompaña y la esperanza siempre encuentra un camino hacia el amanecer.
Aunque creas que es difícil la situación que estás pasando, Dios siempre te envía un ángel convertido en amigo.
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