365 amigos

Un año de amistad, fe y meditación.


Login Registro

365 amigos

La Matutina Digital

El paraguas

Por: Ketty Mejía Vélez - Ecuador

Salmos 91:4

Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad.

Una tarde de invierno, al regresar a casa, vi a la gente correr y buscar refugio. Algunos apresuraban el paso, otros entraban a locales. Mientras avanzaba, percibí un aroma distinto, ese olor que recuerda al campo y a la naturaleza. Entonces lo sentí y comprendí el alboroto de los peatones: claro, estaba a punto de llover.

Personalmente, disfruto la lluvia: su olor y la nostalgia que despierta, pero para muchos la lluvia resulta incómoda o temible: porque empapa, provoca resfriados, daña aparatos electrónicos y objetos personales, y qué decir cuando viene acompañada de relámpagos y truenos, esos que erizan la piel y nos hacen buscar a mamá mientras gritamos su nombre con todas nuestras fuerzas.

Y justo allí, mientras me mojaba, lo recordé: no necesitaba correr, ni entrar a ningún local, ni apresurarme. ¿Sabes por qué? Precisamente: llevaba conmigo un paraguas, de esos pequeños que caben en la cartera (aunque la mía siempre es grande). Lo abrí de inmediato y continué mi camino, disfrutando tranquilamente de la primera lluvia invernal. Llegué a casa sin contratiempos y completamente seca.

Y así también sucede en nuestra vida espiritual. Todos atravesamos momentos de "lluvia": pruebas, dificultades, temores, pérdidas o incertidumbres. Para muchos, estas etapas generan ansiedad y desesperación; pero para quienes han decidido caminar con Dios, las tormentas no desaparecen; sin embargo, ya no nos destruyen.
Dios es ese paraguas. Su presencia no evita que llueva, pero sí nos protege para que podamos avanzar sin perder la paz. ¿Qué llevamos con nosotros cuando comienza a llover en nuestra vida?
Comentarios (0)
Nuestra Comunidad Global

Usuarios conectados a la Matutina Digital

Desliza para ver más
MÁS DE MARZO