365 amigos
La Matutina Digital
La fe que hace posible lo imposible
Por: Carlos Enrique Oquendo - Italia
Hebreos 11:1
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Tiempo atrás, trabajaba en la empresa DHL. Un día nos comunicaron que debíamos hacer un curso obligatorio y quien no lo realizara perdería el puesto de trabajo. Había tres fechas para realizarlo, todas ellas en sábado. Le comenté a mi prometida con un poco de preocupación. Ella me respondió: «Tú ya sabes qué debes hacer».
Le comenté a mi jefe que no asistiría al curso y me recalcó lo que sucedería. Algunos días después, Marco se me acercó y me dijo que no podía faltar. Le respondí que si Dios deseaba, podría hacer que siguiera trabajando allí sin hacer el curso; y si no, buscaría trabajo en otro lugar.
Unos días después, Marco me comentó que un vendedor me acompañaría. Cuando llegó el momento de salir, le dije a la persona que me acompañaría ese día que yo, antes de salir a trabajar, oraba y que si deseaba, podía acompañarme. Oramos y salimos.
Conversamos durante todo el camino y nos hicimos amigos. Cuando llegamos donde el primer cliente, él bajó y el cliente le dijo: «Si me cambian a Carlos, yo cierro el contrato con ustedes». Me sorprendí, pero sucedió lo mismo con tres clientes más. Al mediodía regresamos a la empresa para almorzar, y él se quedó allí. Yo salí nuevamente a trabajar.
Cuando regresé, Marco me dijo: «Carlos, la persona con la que saliste hoy es uno de los accionistas de DHL y dijo que estaba feliz de que tuviéramos trabajadores como tú».
Le comenté a mi jefe que no asistiría al curso y me recalcó lo que sucedería. Algunos días después, Marco se me acercó y me dijo que no podía faltar. Le respondí que si Dios deseaba, podría hacer que siguiera trabajando allí sin hacer el curso; y si no, buscaría trabajo en otro lugar.
Unos días después, Marco me comentó que un vendedor me acompañaría. Cuando llegó el momento de salir, le dije a la persona que me acompañaría ese día que yo, antes de salir a trabajar, oraba y que si deseaba, podía acompañarme. Oramos y salimos.
Conversamos durante todo el camino y nos hicimos amigos. Cuando llegamos donde el primer cliente, él bajó y el cliente le dijo: «Si me cambian a Carlos, yo cierro el contrato con ustedes». Me sorprendí, pero sucedió lo mismo con tres clientes más. Al mediodía regresamos a la empresa para almorzar, y él se quedó allí. Yo salí nuevamente a trabajar.
Cuando regresé, Marco me dijo: «Carlos, la persona con la que saliste hoy es uno de los accionistas de DHL y dijo que estaba feliz de que tuviéramos trabajadores como tú».
Le pregunté el nombre y me dijo Carlos, a lo que les respondí: “El es quien no puede hacer el curso porque el sábado va a la iglesia a alabar a su Dios”
No fui a la capacitación y no perdí el trabajo.
Comentarios (0)
Nuestra Comunidad Global
Usuarios conectados a la Matutina Digital