365 amigos
La Matutina Digital
Cuando te encuentres en el desierto
Por: Christian Zambrano Funes - Ecuador
Mateo 11:28
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Recuerda la historia de Elías: después de ver el fuego caer del cielo, después de vencer a los profetas de Baal, se escondió por miedo. No fue un signo de poca fe, sino de que él también era humano, con sentimientos y debilidades.
Ahora, tómate un momento para validar tus propias emociones: no hay nada malo en sentirte cansado después de un momento de gran esfuerzo o de gran iluminación. La fe no te hace un ser sin emociones, sino un ser que puede volver a encontrar su camino a pesar de ellas.
Imagina que estás en el mismo desierto donde se escondió Elías. Sientes el sol caliente y el viento en tu rostro. Luego, escuchas una voz suave, no en un trueno ni en un terremoto, sino en un susurro tranquilo. Esa voz te dice que está bien descansar, que está bien sentirte vacío, que el camino de la fe no es una línea recta hacia arriba, sino un camino con altos y bajos, con momentos de luz y momentos de sombra.
Respira de nuevo, sintiendo cómo esa voz calma tu corazón. Entiende que la fe te enseña a volver: a volver a la oración cuando ya no sientas fuerzas, a volver a la comunidad cuando te sientas solo, a volver a ti mismo cuando creas que has perdido el rumbo.
Tú que me lees, quiero decirte que tu cansancio no es un fracaso, sino parte del camino que te hace más fuerte y más cercano a lo divino. Dios está al tanto de todo.
Ahora, tómate un momento para validar tus propias emociones: no hay nada malo en sentirte cansado después de un momento de gran esfuerzo o de gran iluminación. La fe no te hace un ser sin emociones, sino un ser que puede volver a encontrar su camino a pesar de ellas.
Imagina que estás en el mismo desierto donde se escondió Elías. Sientes el sol caliente y el viento en tu rostro. Luego, escuchas una voz suave, no en un trueno ni en un terremoto, sino en un susurro tranquilo. Esa voz te dice que está bien descansar, que está bien sentirte vacío, que el camino de la fe no es una línea recta hacia arriba, sino un camino con altos y bajos, con momentos de luz y momentos de sombra.
Respira de nuevo, sintiendo cómo esa voz calma tu corazón. Entiende que la fe te enseña a volver: a volver a la oración cuando ya no sientas fuerzas, a volver a la comunidad cuando te sientas solo, a volver a ti mismo cuando creas que has perdido el rumbo.
Tú que me lees, quiero decirte que tu cansancio no es un fracaso, sino parte del camino que te hace más fuerte y más cercano a lo divino. Dios está al tanto de todo.
El cansancio de la fe no es un final, sino un descanso antes de volver al camino. Confía en Dios, respira hondo y sigue.
Comentarios (0)
Nuestra Comunidad Global
Usuarios conectados a la Matutina Digital