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La Matutina Digital

Sueño roto vs esperanza cumplida.

Por: Christian Zambrano Funes - Ecuador

Salmo 127:1

Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vigila el centinela.

El Titanic fue llamado el "barco insumergible" —un símbolo de la grandeza humana, la tecnología y la confianza en el hombre. Se construyó con los mejores materiales de su época, contaba con un equipo experto y prometía llevar a sus pasajeros hacia un futuro brillante. Pero cuando se enfrentó a un iceberg, se hundió rápidamente, demostrando que ninguna obra humana es realmente invulnerable.

En contraste, el arca de Noé fue construida por un solo hombre, siguiendo las instrucciones de Dios, en medio de un mundo que se burlaba de él. Parecía extraño e innecesario para muchos, pero fue diseñada no por la sabiduría humana, sino por el plan divino. Cuando llegó el diluvio que cubrió toda la tierra, el arca resistió y protegió a quienes habían puesto su fe en Dios.

Hoy en día, muchos confiamos en nuestras propias capacidades, en las estructuras que hemos construido —nuestras carreras, riquezas, ideologías— como si fueran nuestros propios "Titanics" insumergibles. Pero cuando llegan los "icebergs" de la vida —enfermedades, pérdidas, crisis— nos damos cuenta de que no podemos depender de ellas.

El arca de Dios representa lo que Él nos ofrece: seguridad en su plan, protección en medio de la tormenta y esperanza para el futuro. La pregunta es: ¿confiamos en nuestras propias construcciones, o nos subimos al arca que Dios ha preparado para nosotros?
No construyamos nuestras vidas como un Titanic que cree ser insumergible. Confiemos en el arca de Dios que fue hecha para resistir cualquier tormenta.
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