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La Matutina Digital
¿Qué tesoro abunda en tú corazón?
Por: Jesús Alfredo Castillo Zempertegui - Ecuador
Efesios 4:29
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.
Hoy en día vivimos en una sociedad perversa. Si no miente una persona, no es ella; si no insulta u ofende, no se siente satisfecha. Y lo más impactante de todo es el interrogante: «¿Por qué se genera en el ser humano un carácter tan inmutable?». Lo que decimos es el reflejo de un carácter ya definido o en proceso. Hasta tal punto que las palabras vacías de hechos (como las mentiras) muestran el vacío espiritual de las personas, es decir, la falta de presencia de Cristo en nuestras vidas (2 Corintios 13:5).
«La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos». El que guarda su lengua guarda su alma. Muchos han fracasado por no aprender a refrenar sus palabras.
Santiago menciona que el hombre que no ofende con la palabra es un varón perfecto (Santiago 3:2). No hablamos sin razón alguna; nuestras palabras son como nuestros frutos (Mateo 7:17-19). De la misma manera, nadie que tenga un buen tesoro en el corazón podría proferir palabras malignas. El silencio es a menudo elocuente. Cuando decimos cosas apresuradas, suelen causar más daño que bien. Cada palabra que pronunciamos debe ser una bendición, no una maldición; un estímulo, no un desaliento.
Las palabras bondadosas nunca se pierden. Son semillas que producen fruto para la vida eterna. Algo dicho a tiempo puede ser como una manzana de oro con figuras de plata.
«La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos». El que guarda su lengua guarda su alma. Muchos han fracasado por no aprender a refrenar sus palabras.
Santiago menciona que el hombre que no ofende con la palabra es un varón perfecto (Santiago 3:2). No hablamos sin razón alguna; nuestras palabras son como nuestros frutos (Mateo 7:17-19). De la misma manera, nadie que tenga un buen tesoro en el corazón podría proferir palabras malignas. El silencio es a menudo elocuente. Cuando decimos cosas apresuradas, suelen causar más daño que bien. Cada palabra que pronunciamos debe ser una bendición, no una maldición; un estímulo, no un desaliento.
Las palabras bondadosas nunca se pierden. Son semillas que producen fruto para la vida eterna. Algo dicho a tiempo puede ser como una manzana de oro con figuras de plata.
El carácter se revela en las palabras. El lenguaje es un índice del corazón. Cristo nunca empleó palabras descorteses; tampoco lo hará quien camine en sus pasos.
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