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La Matutina Digital
Me trataron mal en la iglesia.
Por: Christian Zambrano Funes - Ecuador
Salmo 34:18
El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón, y salva a los de espíritu abatido.
Es una de las heridas más profundas: sentir que fuiste tratado mal en el lugar que debería ser tu hogar espiritual, donde se supone que encontrarás amor, apoyo y comunidad en Cristo. Ya sea por críticas injustas, exclusión, rumores o juicios, el dolor de ser herido por hermanos en la fe puede hacer que preguntes: ¿dónde está el amor de Dios en esto?
Es cierto que la iglesia está hecha de seres humanos imperfectos – personas que también pecan, que llevan sus propias heridas y que a veces actúan de manera contraria a lo que enseñan. Jesús mismo sabía que habría divisiones y faltas dentro de su Cuerpo (Mateo 18:15-17), y Pablo tuvo que corregir a iglesias enteras por sus comportamientos equivocados.
Pero no debemos confundir el error de los hombres con el propósito de Dios. La iglesia sigue siendo el Cuerpo de Cristo en la tierra, y el amor de Dios no desaparece porque algunos de sus miembros no lo reflejen bien. El dolor que sentimos es real, pero no tiene por qué alejarnos de Dios ni de la comunidad que Él nos ha dado.
El camino a seguir es el que enseñó Jesús: buscar, con humildad y verdad, hablar con quienes nos han herido, pedir sabiduría para perdonar como Él nos perdonó, y recordar que nuestro verdadero hogar está en el cielo. También podemos buscar apoyo en hermanos fieles que vivan según el amor de Cristo, y permitir que Dios use incluso esta experiencia para fortalecer nuestra fe y hacernos más compasivos.
Es cierto que la iglesia está hecha de seres humanos imperfectos – personas que también pecan, que llevan sus propias heridas y que a veces actúan de manera contraria a lo que enseñan. Jesús mismo sabía que habría divisiones y faltas dentro de su Cuerpo (Mateo 18:15-17), y Pablo tuvo que corregir a iglesias enteras por sus comportamientos equivocados.
Pero no debemos confundir el error de los hombres con el propósito de Dios. La iglesia sigue siendo el Cuerpo de Cristo en la tierra, y el amor de Dios no desaparece porque algunos de sus miembros no lo reflejen bien. El dolor que sentimos es real, pero no tiene por qué alejarnos de Dios ni de la comunidad que Él nos ha dado.
El camino a seguir es el que enseñó Jesús: buscar, con humildad y verdad, hablar con quienes nos han herido, pedir sabiduría para perdonar como Él nos perdonó, y recordar que nuestro verdadero hogar está en el cielo. También podemos buscar apoyo en hermanos fieles que vivan según el amor de Cristo, y permitir que Dios use incluso esta experiencia para fortalecer nuestra fe y hacernos más compasivos.
El error de unos no borra el amor de Dios; perdonemos y sigamos confiando en nuestro amigo y hermano Jesucristo.
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