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La Matutina Digital
Del Hipopótamo a la Salamandra. Parte 1
Por: Jorge Arreaga - Ecuador
Juan 13:34
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
Mi mamá nació en Galápagos. Cuando era pequeña, conoció la palabra de Dios. Mis abuelos y mis tíos se bautizaron gracias a unos misioneros que se habían arriesgado a ir a unas islas poco conocidas en el Pacífico sur. Dios tenía un propósito.
Mi papá falleció cuando yo tenía 14 años. Mamá, después de casarse con mi papá, tener dos hijos y quedarse sola, nos llevó a una iglesia adventista en el norte de Guayaquil. En esa iglesia conocí a algunos jóvenes que se divertían de una manera diferente: fogatas, juegos sociales, deportes, campamentos. No entendía cómo podían divertirse sin bailar o ir a fiestas, sin ir a un concierto de rock. Me trataron como a uno de ellos, y recién me conocían. Eran jóvenes que iban en contra de las normas establecidas, pero jamás irreverentes. Ahí había nacido EL CLAN HIPOPÓTAMO. Me convertí en miembro del clan y pasé los mejores momentos de mi adolescencia y juventud junto a ellos.
No estaba bautizado. El día de mi bautismo me enfermé y me puse mal. Quería dejarlo para otro momento. Se enteraron y se movilizaron. Me llevaron casi cargado a la iglesia donde sería mi bautismo. Jamás lo olvidaré.
El amor de Dios manifestado en ellos me enseñó muchas cosas y sigo aprendiendo. Me casé con una joven que conocí en la iglesia del Norte. En ese entonces, tuvimos una hija: mi princesa SARAI. Quería que de alguna forma sintiera lo que yo sentí. Es así como nace EL CLUB DE CONQUISTADORES SALAMANDRA.
Mi papá falleció cuando yo tenía 14 años. Mamá, después de casarse con mi papá, tener dos hijos y quedarse sola, nos llevó a una iglesia adventista en el norte de Guayaquil. En esa iglesia conocí a algunos jóvenes que se divertían de una manera diferente: fogatas, juegos sociales, deportes, campamentos. No entendía cómo podían divertirse sin bailar o ir a fiestas, sin ir a un concierto de rock. Me trataron como a uno de ellos, y recién me conocían. Eran jóvenes que iban en contra de las normas establecidas, pero jamás irreverentes. Ahí había nacido EL CLAN HIPOPÓTAMO. Me convertí en miembro del clan y pasé los mejores momentos de mi adolescencia y juventud junto a ellos.
No estaba bautizado. El día de mi bautismo me enfermé y me puse mal. Quería dejarlo para otro momento. Se enteraron y se movilizaron. Me llevaron casi cargado a la iglesia donde sería mi bautismo. Jamás lo olvidaré.
El amor de Dios manifestado en ellos me enseñó muchas cosas y sigo aprendiendo. Me casé con una joven que conocí en la iglesia del Norte. En ese entonces, tuvimos una hija: mi princesa SARAI. Quería que de alguna forma sintiera lo que yo sentí. Es así como nace EL CLUB DE CONQUISTADORES SALAMANDRA.
Una de las formas que me llevo a amar a Dios es sentir el amor de los otros hacia mí y eso hacía que en mí, naciera la necesidad de dar amor a otros.
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