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La Matutina Digital
Un milagro a mi vida
Por: Karina Verdezoto - Ecuador
Mateo 7:7-8
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
Quiero compartir parte de mi vida, un tiempo en el que aprendí a confiar plenamente en las promesas del Señor.
En mi adolescencia enfrenté la fiebre reumática, una enfermedad que me obligaba cada mes a recibir inyecciones dolorosas. Las fiebres intensas y el malestar eran constantes, pero en medio de esa lucha descubrí algo mucho más grande: aprendí a hablar con Jesús.
Mientras estudiaba la biblia, comprendí que Dios no solo sana el cuerpo, sino que transforma el corazón. Entonces hice un pacto con él: entregarle mi vida, mi servicio y mi confianza absoluta, creyendo que él tenía poder para sanarme.
Un día tomé una decisión que para muchos fue una locura: le dije a mi abuelita que ya no quería más inyecciones. "El Señor me ha sanado", afirmé con una convicción que solo el Espíritu Santo podía darme. Aunque todos pensaban que debía seguir el tratamiento, yo sabía que Dios estaba obrando. Desde ese momento nunca más volví a usar medicina para la fiebre reumática, y Jesús hizo el milagro.
Hoy puedo decir con certeza: estoy sana en Cristo.
"Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí."
En mi adolescencia enfrenté la fiebre reumática, una enfermedad que me obligaba cada mes a recibir inyecciones dolorosas. Las fiebres intensas y el malestar eran constantes, pero en medio de esa lucha descubrí algo mucho más grande: aprendí a hablar con Jesús.
Mientras estudiaba la biblia, comprendí que Dios no solo sana el cuerpo, sino que transforma el corazón. Entonces hice un pacto con él: entregarle mi vida, mi servicio y mi confianza absoluta, creyendo que él tenía poder para sanarme.
Un día tomé una decisión que para muchos fue una locura: le dije a mi abuelita que ya no quería más inyecciones. "El Señor me ha sanado", afirmé con una convicción que solo el Espíritu Santo podía darme. Aunque todos pensaban que debía seguir el tratamiento, yo sabía que Dios estaba obrando. Desde ese momento nunca más volví a usar medicina para la fiebre reumática, y Jesús hizo el milagro.
Hoy puedo decir con certeza: estoy sana en Cristo.
"Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí."
Amigo, amiga, no sé qué enfermedad o prueba enfrentas hoy, pero sé algo: Dios sigue haciendo milagros. Lo que él hizo conmigo puede hacerlo contigo. Solo cree en Jesús, y él obrará.
Comentarios (2)
Dios nos pide confianza y Fé
Excelente testimonio...
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