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La Matutina Digital
Si caíste, levántate por Dios
Por: Maribel Minda - Ecuador
Salmo 46:1
Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones
Querido amigo, quiero compartir en esta oportunidad mi testimonio. Hace algunos años, enfrenté muchas situaciones peligrosas. Cuando me alejé de Dios por vanas ilusiones, estuve a punto de perder la vida en tres ocasiones. Aquella experiencia fue muy triste: viví el abandono, la traición, el maltrato, las humillaciones. Parecía que ya no tenía solución; estaba en depresión y ya no quería vivir.
Hasta que me cansé de llorar y sufrir, ya que mis hijos pequeños dependían de mí. Un día, en la soledad de mi habitación, empecé a recordar las actividades en las que participaba en la iglesia, donde sentía gozo de estar con Jesús. Cerré mis ojos y quise volver a estar allá; conversé con Jesús y le pedí perdón.
Recuerdo aquella fecha: fue el 4 de julio, Día de la Independencia de EE. UU., y volví a las aguas del bautismo. Allí el Señor me recibió, me lavó de mis pecados, curó mis heridas. El Señor siempre estuvo cuidándome, aun cuando decidí alejarme, esperando que volviera a sus brazos de amor como su hija pródiga. A partir de mi reencuentro, mi vida ha sido de bendición; ya entendí cuál es el propósito que Dios tiene y me bendice.
Si tal vez te encuentras caído y no encuentras solución, y crees que no mereces perdón, la esperanza es Jesús. No dudes en volver; Él te estará esperando. A Él no le importa lo que hiciste. ¡Te ama con amor eterno, no lo olvides! ¡Levántate en el nombre de Jesús!
Hasta que me cansé de llorar y sufrir, ya que mis hijos pequeños dependían de mí. Un día, en la soledad de mi habitación, empecé a recordar las actividades en las que participaba en la iglesia, donde sentía gozo de estar con Jesús. Cerré mis ojos y quise volver a estar allá; conversé con Jesús y le pedí perdón.
Recuerdo aquella fecha: fue el 4 de julio, Día de la Independencia de EE. UU., y volví a las aguas del bautismo. Allí el Señor me recibió, me lavó de mis pecados, curó mis heridas. El Señor siempre estuvo cuidándome, aun cuando decidí alejarme, esperando que volviera a sus brazos de amor como su hija pródiga. A partir de mi reencuentro, mi vida ha sido de bendición; ya entendí cuál es el propósito que Dios tiene y me bendice.
Si tal vez te encuentras caído y no encuentras solución, y crees que no mereces perdón, la esperanza es Jesús. No dudes en volver; Él te estará esperando. A Él no le importa lo que hiciste. ¡Te ama con amor eterno, no lo olvides! ¡Levántate en el nombre de Jesús!
Todos hemos tocado fondo en nuestra vida pero él está ahí para socorrernos no dudemos en buscarlo él es fiel y justo.
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