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La Matutina Digital

Mi vida al servicio de Dios

Por: Edgar Segura - Chile

2 Timoteo 4:2

Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.

Es interesante la vida de Pablo. No conoció a Jesús en persona; es más, inició sus años persiguiendo a los seguidores de Jesús. Pero un día, yendo camino a Damasco a tomar presos a unos cristianos, milagrosamente Jesús preparó un encuentro con él. Una luz lo tumbó de su caballo y le dijo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». ¿Quién eres? Yo soy Jesús.

Desde ese encuentro comenzó lo interesante: Pablo se convirtió al cristianismo, se reunió con algunos de los discípulos y aceptó el llamado de convertirse en un discípulo de Jesús. Su nueva misión ya no era perseguir, sino anunciar el evangelio de Jesucristo. ¿A quién? A cualquiera: en la plaza, en la iglesia, en las casas, en el río.

Después fue tomado prisionero. ¿Dejó de predicar? No. Les predicaba al carcelero y a los prisioneros; escribía cartas. Su meta era hablar de Jesús a quien estuviera a su alcance; no cesaba de hablar de Jesús.

Y tú, ¿quieres ser como Pablo? Antes tienes que tener un encuentro con él. Aceptar su llamado a ser un discípulo de Jesús, capacítate y empieza a predicar poco a poco: a tu familia, a tus amigos, a tus compañeros de trabajo.

Tú también puedes ser un Pablo en las manos de Jesús y ser un gran predicador de su evangelio. ¿Y el miedo? El miedo se va cuando comprendas quién es el que te envía.
Oremos: Señor yo quiero ser tu discípulo, ayúdame a salvar almas para tu reino, utilízame, porque yo quiero anunciar el Evangelio a todos los que me rodean. Amén
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