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La maldad (Parte 1)
Por: Luis Alberto Vélez - Ecuador
Mateo 7:22-23
Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
¿Por qué Jesús "hacedores de maldad" a quienes habian hecho tantas cosas por su causa? Para comprenderlo a fondo, debemos mirar más allá de nuestra superficie humana y acudir al significado original de los términos.
La palabra [maldad] proviene de la traducción anomia, que a su vez se deriva del griego anomos, donde la letra a significa "en contra" y nomos se traduce como "ley". En esencia, la maldad es el acto de estar en contra de la ley divina.
Las Escrituras nos confirman en 1 Juan 3:4 que todo aquel que comete pecado infringe también la ley, pues el pecado es precisamente la infracción de la ley, equiparándose de este modo el pecado con la maldad. Sin embargo, Jesús sintetizó toda la ley y los profetas en 2 pilares inquebrantables: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente, y amar al prójimo como a uno mismo (Mateo 22:36-40).
Esto revela una verdad transformadora: toda la ley de Dios se fundamenta y sostiene en el amor. Por lo tanto, la verdadera maldad no es solo quebrantar un reglamento frío, sino "todo acto que está desprovisto de amor".
1 Juan 4:8 nos recuerda con absoluta claridad que Dios es amor, y quien no ama no le ha conocido. El pecado, al ser maldad y oponerse a una ley basada en el amor, es en realidad un acto de rebelión directa contra la naturaleza misma de Dios.
La palabra [maldad] proviene de la traducción anomia, que a su vez se deriva del griego anomos, donde la letra a significa "en contra" y nomos se traduce como "ley". En esencia, la maldad es el acto de estar en contra de la ley divina.
Las Escrituras nos confirman en 1 Juan 3:4 que todo aquel que comete pecado infringe también la ley, pues el pecado es precisamente la infracción de la ley, equiparándose de este modo el pecado con la maldad. Sin embargo, Jesús sintetizó toda la ley y los profetas en 2 pilares inquebrantables: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente, y amar al prójimo como a uno mismo (Mateo 22:36-40).
Esto revela una verdad transformadora: toda la ley de Dios se fundamenta y sostiene en el amor. Por lo tanto, la verdadera maldad no es solo quebrantar un reglamento frío, sino "todo acto que está desprovisto de amor".
1 Juan 4:8 nos recuerda con absoluta claridad que Dios es amor, y quien no ama no le ha conocido. El pecado, al ser maldad y oponerse a una ley basada en el amor, es en realidad un acto de rebelión directa contra la naturaleza misma de Dios.
El amor es el cumplimiento perfecto de la ley divina; apartarse de él es caminar en contra del corazón mismo de Dios.
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