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La Matutina Digital
La maldad (Parte 2)
Por: Luis Alberto Vélez - Ecuador
1 Corintios 13:3
Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
Ayer vimos que lo que no nace del amor carece por completo de sentido y valor delante de la presencia de Dios. Es muy fácil caer en la ilusión de que podemos impresionar al Creador mediante actos exteriores grandiosos, cumplimientos religiosos estrictos, sacrificios visibles o una abultada lista de supuestos méritos espirituales.
No obstante, si el motor que impulsa nuestro servicio y nuestras ofrendas no es el amor puro, espiritualmente resultan estériles y vacíos. Esta realidad cobra un peso abrumador al recordar que Dios es amor, de modo que cualquier acción desprovista de este principio nos coloca del lado de la maldad y del pecado, constituyendo una franca oposición a Su ley.
Pero Santiago 4:17 nos confronta profundamente al señalar que al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado. La maldad no se limita únicamente a cometer faltas atroces o explícitas; muchas veces se oculta en la fría omisión, en la indiferencia ante la necesidad ajena. Si lo pude hacer y no lo hice, cometí pecado.
Las Escrituras también nos advierten solemnemente en Éxodo 32:33 que al que pecare contra Dios, Él lo raerá de Su libro. El pecado nos roba la salvacion, una salvacion de la que hay que ocuparse con temor y temblor.
Hoy es el día propicio para pedirle al Espíritu Santo que transforme nuestras motivaciones y elegir caminar en obediencia, asegurando que cada obra que realicemos refleje la luz, la gracia, y el amor de Dios.
No obstante, si el motor que impulsa nuestro servicio y nuestras ofrendas no es el amor puro, espiritualmente resultan estériles y vacíos. Esta realidad cobra un peso abrumador al recordar que Dios es amor, de modo que cualquier acción desprovista de este principio nos coloca del lado de la maldad y del pecado, constituyendo una franca oposición a Su ley.
Pero Santiago 4:17 nos confronta profundamente al señalar que al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado. La maldad no se limita únicamente a cometer faltas atroces o explícitas; muchas veces se oculta en la fría omisión, en la indiferencia ante la necesidad ajena. Si lo pude hacer y no lo hice, cometí pecado.
Las Escrituras también nos advierten solemnemente en Éxodo 32:33 que al que pecare contra Dios, Él lo raerá de Su libro. El pecado nos roba la salvacion, una salvacion de la que hay que ocuparse con temor y temblor.
Hoy es el día propicio para pedirle al Espíritu Santo que transforme nuestras motivaciones y elegir caminar en obediencia, asegurando que cada obra que realicemos refleje la luz, la gracia, y el amor de Dios.
Examina tus motivaciones más profundas hoy: que cada obra nazca de un amor sincero para reflejar fielmente la esencia de Dios.
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