365 amigos
La Matutina Digital
El valor de la amistad (Parte 1)
Por: Carlos Arguello Suárez - Ecuador
Proverbios 27:19
Así como en el agua se refleja el rostro, también en el corazón se refleja el hombre
Había una vez dos hombres que convalecían en la misma habitación de un hospital. A uno de ellos, para ayudar a drenar el líquido de sus pulmones, se le permitía cada tarde sentarse en su cama, la cual daba a la ventana.
Sin embargo, el otro tenía que permanecer todo el tiempo tumbado. Con el paso de los días, ambos desarrollaron una gran amistad. Cada vez que se sentaba en la cama, el hombre describía a su compañero todo lo que podía ver.
Escuchar tantos detalles producía una gran satisfacción al que permanecía sin poderse levantar, quien solía cerrar los ojos para disfrutar de la maravillosa descripción de su vecino: el parque donde caminaban los enamorados, los patos del lago, los niños jugando con cometas, los frondosos árboles adornando el paisaje.
Ese momento se convirtió en el mejor del día. Así que, cada día, el hombre que permanecía en su cama esperaba con ansiedad la descripción diaria de su vecino.
Un día, una de las enfermeras entró a la habitación y descubrió que el narrador había muerto mientras dormía plácidamente en su cama. Aún se dibujaba una sonrisa de paz en su rostro. Entonces, su compañero de habitación pidió a la enfermera que lo cambiara a esa cama, junto a la ventana.
La enfermera accedió y lo cambió.
Sin embargo, el otro tenía que permanecer todo el tiempo tumbado. Con el paso de los días, ambos desarrollaron una gran amistad. Cada vez que se sentaba en la cama, el hombre describía a su compañero todo lo que podía ver.
Escuchar tantos detalles producía una gran satisfacción al que permanecía sin poderse levantar, quien solía cerrar los ojos para disfrutar de la maravillosa descripción de su vecino: el parque donde caminaban los enamorados, los patos del lago, los niños jugando con cometas, los frondosos árboles adornando el paisaje.
Ese momento se convirtió en el mejor del día. Así que, cada día, el hombre que permanecía en su cama esperaba con ansiedad la descripción diaria de su vecino.
Un día, una de las enfermeras entró a la habitación y descubrió que el narrador había muerto mientras dormía plácidamente en su cama. Aún se dibujaba una sonrisa de paz en su rostro. Entonces, su compañero de habitación pidió a la enfermera que lo cambiara a esa cama, junto a la ventana.
La enfermera accedió y lo cambió.
Concluyo preguntando: ¿Qué le vas a dejar a tus amigos? ¿Qué recuerdo tendrán de ti? ¿Con qué se van a quedar? Pídele hoy al Señor Jesús que te ayude a mejorar la vida de tus amigos.
Comentarios (1)
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