365 amigos
La Matutina Digital
Acuérdate ahora de mí. Parte 2
Por: Andrés Gualaseo Robles - Ecuador
Jueces 16:30
Y dijo Sansón: Muera yo con los filisteos. Entonces se inclinó con toda su fuerza, y cayó la casa sobre los principales, y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Y los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida.
Aquí viene lo que incomoda: Dios no se acordó del Sansón fuerte, ni del Sansón obediente, sino del Sansón quebrado. Pero, cuidado: Dios se acordó respondiéndole lo que pidió, no dándole todo lo que quería darle. Sansón pidió fuerza; Dios tenía salvación. Sansón pidió un momento más; Dios tenía una vida distinta. Sansón pidió alivio inmediato; Dios tenía algo eterno. Y aquí es donde esta historia ya no es de Sansón, es mía y tuya, porque muchos estamos lejos de Dios y aun así seguimos recibiendo cosas: un trabajo que llegó, un problema que se resolvió, una puerta que se abrió.
Y pensamos: "Dios está conmigo". Tal vez sí, pero no como creemos. Dios puede ayudarte sin aprobar tu camino. Puede atender tu necesidad sin sanar tu corazón. Puede darte lo que pides, aunque estés perdiendo lo más importante.
Sansón murió con fuerza en los brazos, pero con una vida desperdiciada. Y nadie sabe si fue salvo. La Biblia no lo dice. Lo que sí sabemos es que murió lejos de todo lo que pudo haber sido. Y la pregunta queda flotando, mirándonos de frente: ¿Y si Dios te está ayudando, pero no te está salvando? ¿Y si estás recibiendo favores, pero estás perdiendo lo eterno?
Porque Dios puede atender un capricho, pero anhela rescatar una vida. Y el hecho de que hoy te ayude no significa que estés bien con él; significa que todavía te ama. Y quizá hoy, antes de pedir otra fuerza, otro favor, otra salida rápida, sea momento de pedir algo distinto.
Y pensamos: "Dios está conmigo". Tal vez sí, pero no como creemos. Dios puede ayudarte sin aprobar tu camino. Puede atender tu necesidad sin sanar tu corazón. Puede darte lo que pides, aunque estés perdiendo lo más importante.
Sansón murió con fuerza en los brazos, pero con una vida desperdiciada. Y nadie sabe si fue salvo. La Biblia no lo dice. Lo que sí sabemos es que murió lejos de todo lo que pudo haber sido. Y la pregunta queda flotando, mirándonos de frente: ¿Y si Dios te está ayudando, pero no te está salvando? ¿Y si estás recibiendo favores, pero estás perdiendo lo eterno?
Porque Dios puede atender un capricho, pero anhela rescatar una vida. Y el hecho de que hoy te ayude no significa que estés bien con él; significa que todavía te ama. Y quizá hoy, antes de pedir otra fuerza, otro favor, otra salida rápida, sea momento de pedir algo distinto.
Algo para siempre porque hay oraciones que Dios responde y hay destinos que se pierden por no haber pedido más.
Comentarios (0)
Nuestra Comunidad Global
Usuarios conectados a la Matutina Digital