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Por: Christian Zambrano Funes - Ecuador
1 Reyes 19:9-13
...¿Qué haces aquí, Elías?... Cuando Elías la oyó, se cubrió la cara con el manto y se quedó de pie a la entrada de la cueva.
Elías seguía sintiéndose solo, asustado y perseguido. Llegó a la cueva y allí Dios le hizo una pregunta que también llega a nosotros: "¿Qué haces aquí?". No era un reproche, era una invitación a mirar más allá de su miedo.
Él esperaba encontrar a Dios en lo espectacular: en el viento imponente, en el terremoto que sacude todo, en el fuego que quema. Pero Dios no estaba en el ruido ni en lo impresionante. Al final, vino algo distinto: una suave brisa, apenas un susurro.
Muchas veces buscamos a Dios en los sucesos extraordinarios, en los grandes milagros, en las soluciones que sacuden todo. Pero él suele revelarse en los detalles que casi no vemos, suele llegar de otra manera: en el silencio, en la calma, en una palabra pequeña que trae paz al corazón. Cuando Elías escuchó esa suave brisa, comprendió que LA PRESENCIA DE DIOS NO ASUSTA, SOSTIENE.
¿Qué aprendemos de esto?
Dios te encuentra donde estés: aunque te escondas en una cueva por temor, él te busca y te pregunta con amor. No confundas poder con ruido: lo más impresionante no siempre viene de Dios. Escucha el susurro: su voz llega cuando se calman el viento, el fuego, el temor. La calma es su señal: cuando tu corazón se aquieta, es más fácil reconocer que él está cerca. Su presencia no asusta, abraza: Elías se cubrió el rostro, no por miedo, sino por reverencia ante lo tierno de Dios.
Él esperaba encontrar a Dios en lo espectacular: en el viento imponente, en el terremoto que sacude todo, en el fuego que quema. Pero Dios no estaba en el ruido ni en lo impresionante. Al final, vino algo distinto: una suave brisa, apenas un susurro.
Muchas veces buscamos a Dios en los sucesos extraordinarios, en los grandes milagros, en las soluciones que sacuden todo. Pero él suele revelarse en los detalles que casi no vemos, suele llegar de otra manera: en el silencio, en la calma, en una palabra pequeña que trae paz al corazón. Cuando Elías escuchó esa suave brisa, comprendió que LA PRESENCIA DE DIOS NO ASUSTA, SOSTIENE.
¿Qué aprendemos de esto?
Dios te encuentra donde estés: aunque te escondas en una cueva por temor, él te busca y te pregunta con amor. No confundas poder con ruido: lo más impresionante no siempre viene de Dios. Escucha el susurro: su voz llega cuando se calman el viento, el fuego, el temor. La calma es su señal: cuando tu corazón se aquieta, es más fácil reconocer que él está cerca. Su presencia no asusta, abraza: Elías se cubrió el rostro, no por miedo, sino por reverencia ante lo tierno de Dios.
Dios no siempre llega haciendo ruido; muchas veces basta que nos callemos para escucharlo.
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