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La Matutina Digital
En el silencio
Por: Andrea Barragán - Ecuador
1 Reyes 19:13
Cuando Elías lo oyó, cubrió su rostro con su manto; salió y se paró a la entrada de la cueva. Y llegó a él una voz que dijo: ¿Qué haces aquí Elías?
1 Reyes 19 cuenta la historia de Elías en medio de la rebeldía de Israel y del rey Acab. Se habían apartado de los caminos de Dios, menospreciando Su dirección. En Su misericordia, el Señor envió al profeta para mostrarles que su negligencia solo les traería dolor.
Elías profetizó una gran sequía si no se arrepentían de su pecado; pero, lejos de volverse a Dios, endurecieron su corazón y buscaron la vida del profeta. Mientras permanecía escondido, Dios lo cuidó, le proveyó alimentos y agua usando cuervos y a una humilde mujer cuya fe y hospitalidad fueron bendecidas. En todo momento, Dios le mostró Su presencia, demostrando que era un varón de Dios y que Su mensaje venía del Señor.
Vemos al profeta cansado y desesperado, al punto de pedirle a Dios que le quitara la vida. El temor lo sobrepasaba, pero el Señor, en vez de reprenderlo, lo alimentó una vez más y lo dejó descansar en medio del silencio. No lo sermoneó, no le recordó sus milagros pasados; simplemente lo acogió y entendió su fragilidad.
Entonces Dios lo envió al monte Horeb y le preguntó: ¿Qué haces aquí, Elías?. Él abrió su corazón, le contó sus temores, y el Señor le mostró Su presencia: no en el viento, ni en un terremoto o fuego, sino en un silbo apacible y delicado, y con ternura le encomendó continuar su misión.
Elías profetizó una gran sequía si no se arrepentían de su pecado; pero, lejos de volverse a Dios, endurecieron su corazón y buscaron la vida del profeta. Mientras permanecía escondido, Dios lo cuidó, le proveyó alimentos y agua usando cuervos y a una humilde mujer cuya fe y hospitalidad fueron bendecidas. En todo momento, Dios le mostró Su presencia, demostrando que era un varón de Dios y que Su mensaje venía del Señor.
Vemos al profeta cansado y desesperado, al punto de pedirle a Dios que le quitara la vida. El temor lo sobrepasaba, pero el Señor, en vez de reprenderlo, lo alimentó una vez más y lo dejó descansar en medio del silencio. No lo sermoneó, no le recordó sus milagros pasados; simplemente lo acogió y entendió su fragilidad.
Entonces Dios lo envió al monte Horeb y le preguntó: ¿Qué haces aquí, Elías?. Él abrió su corazón, le contó sus temores, y el Señor le mostró Su presencia: no en el viento, ni en un terremoto o fuego, sino en un silbo apacible y delicado, y con ternura le encomendó continuar su misión.
Como Elías, aun con miedo o cansancio Dios nos espera. En el silencio, nos habla con un silbo suave: confía, incluso con miedo, avanza; tu misión aún continúa. ¿Podrás hoy, escucharlo tú también?
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