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La Matutina Digital
Cada acto importa
Por: Christian Zambrano Funes - Ecuador
Génesis 12:18
Por eso el faraón mandó llamar a Abram, y le dijo: ¿Por qué me has hecho esto? ¿Por qué no me dijiste que esta mujer es tu esposa?
Abram, el hombre a quien Dios prometió bendecir y hacer una nación grande, bajó a Egipto por la falta de alimento. Por temor a perder la vida, decidió actuar con engaño: pidió a Sarai que dijera que era su hermana. Parecía una pequeña medida de protección, un recurso sencillo para salir del apuro, algo que quizá pensó que solo le afectaría a él.
Pero lo que creyó insignificante trajo consecuencias que no imaginaba: dañó a su esposa, atrajo plagas sobre la casa del faraón y puso en riesgo a personas que no tenían nada que ver con su miedo.
Esta historia nos enseña una verdad que a menudo olvidamos: NO HAY ACCIÓN NI PEQUEÑA NI OCULTA. Lo que hacemos por miedo, comodidad o para evitar problemas, aunque nos parezca sin importancia, afecta a quienes nos rodean. Nuestras decisiones, palabras y actitudes pueden convertirse en PIEDRA DE TROPIEZO: hacer que otros duden de Dios, imiten el engaño, caigan en lo incorrecto o sufran consecuencias que no merecen, solo por seguir nuestro mal ejemplo.
No vivimos aislados. Somos luz o somos obstáculo. Cuando actuamos sin confiar en Dios y sin pensar en el bien de los demás, nos convertimos en un obstáculo que impide que otros se acerquen a Dios. Pero cuando elegimos la verdad, la confianza y la integridad, nos convertimos en un apoyo firme que ayuda a los demás a mantenerse en el camino.
Pero lo que creyó insignificante trajo consecuencias que no imaginaba: dañó a su esposa, atrajo plagas sobre la casa del faraón y puso en riesgo a personas que no tenían nada que ver con su miedo.
Esta historia nos enseña una verdad que a menudo olvidamos: NO HAY ACCIÓN NI PEQUEÑA NI OCULTA. Lo que hacemos por miedo, comodidad o para evitar problemas, aunque nos parezca sin importancia, afecta a quienes nos rodean. Nuestras decisiones, palabras y actitudes pueden convertirse en PIEDRA DE TROPIEZO: hacer que otros duden de Dios, imiten el engaño, caigan en lo incorrecto o sufran consecuencias que no merecen, solo por seguir nuestro mal ejemplo.
No vivimos aislados. Somos luz o somos obstáculo. Cuando actuamos sin confiar en Dios y sin pensar en el bien de los demás, nos convertimos en un obstáculo que impide que otros se acerquen a Dios. Pero cuando elegimos la verdad, la confianza y la integridad, nos convertimos en un apoyo firme que ayuda a los demás a mantenerse en el camino.
Ningún acto es demasiado pequeño para marcar la diferencia: elige ser un paso firme, nunca una piedra que haga caer a otro.
Comentarios (1)
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